Buscándole sentido a cosas que seguramente no lo tienen

Empiezo este blog con la noticia de mi despido. 

Os pongo en antecedentes. 

Hace unas tres semanas empecé a trabajar en una asociación sin ánimo de lucro. Para mí fue una sorpresa que decidieran contratarme porque llevada la friolera de 6 años sin trabajar por culpa de un problema de salud y eso no es algo que los contratadores pasen por alto así como así.

La cosa parecía empezar bien. El puesto que me ofrecían estaba muy por debajo de mi cualificación pero eso no suponía un problema para mí. Mi ilusión era reincorporarme al mundo laboral haciendo algo mínimamente relacionado con mi profesión y empezar con una media jornada era lo más razonable debido a mi situación personal.

La directora es una chica joven, bastante más joven que yo, pero me pareció una persona madura, competente y amable. La idea era que las primeras dos semanas estaría con dos compañeras aprendiendo como funcionaba todo. Se suponía que ellas me explicarían mis tareas y responsabilidades. El primer día, o tal vez los dos primeros, estuve sola con una de ellas. Creo que la otra estaba enferma. 

Esta compañera me iba explicando alguna cosa al tiempo que llevaba a cabo su trabajo y yo estaba con ella. Era una persona con unas maneras un tanto bruscas, de esas que utilizan un tono autoritario y dominante por momentos y que te clavan la mirada de una forma casi agresiva cuando algo les molesta. No es algo que a mí me agrade pero pensé que las personas hacemos muchas cosas de las que no somos siquiera conscientes y que eso no sería impedimento para poder trabajar en armonía. Por supuesto, no pensé que esta forma de relacionarse tuviera nada que ver conmigo porque no nos conocíamos de nada.

Al día siguiente la otra compañera se incorporó al trabajo y no pude evitar el darme cuenta de que, a diferencia del resto de personas que trabajaban allí, no se dirigió a mí para presentarse y se comportaba como si yo no estuviera allí. Evidentemente finalmente nos presentaron pero, así como la otra compañera me había dado un abrazo de bienvenida el primer día, esta otra se limitó al mínimo gesto que le permitiera salir del paso sin quedar como una persona descortés.

Era extraño, pero ella se debió dar cuenta y en algún momento se preocupó de la imagen que yo pudiera tener de ella. El caso es que la otra compañera al parecer se unió a ella en dicha preocupación, porque, al acercarme yo a las dos mientras ellas conversaban, me dijeron que hablaban sobre que yo debía estar pensando que eran unas bordes y la una, siempre con las palabras justas, dijo que lo que le pasaba es que había estado enferma y la otra, algo más habladora, que ella no sabía enseñar. Yo vi en aquellas palabras un rayo de esperanza, una posibilidad de acercamiento cordial. Por lo que las tranquilicé a ambas diciéndole a una que no me parecía borde, sino simplemente menos habladora y que comprendía que si no se encontraba del todo bien estuviera algo retraída y a la otra que no tenía ninguna queja sobre su capacidad de enseñanza. Todo lo cual era cierto.

Lamentablemente ese breve momento de acercamiento fue a lo máximo a que llegó mi relación con mis dos "compañeras".

Los días que siguieron supusieron para mí un esfuerzo constante por hacer a cada momento borrón y cuenta nueva.

Tardé poco en comprobar que el tiempo por el que me tenían contratada no era suficiente para desarrollar todas las tareas que pretendían que hiciera. La respuesta de la responsable era que se trataba de un servicio dinámico en el que había que improvisar. Y lo cierto es que yo ya improvisaba puesto que con el tiempo que tenía era imposible no hacerlo.

En el contrato habían añadido una página a parte en la que se especificaba que yo aceptaba que debería hacer otras tareas no específicas de la categoría profesional como conducir la furgoneta del servicio o hacer tareas administrativas. En ese momento no le di mayor importancia. Después se hizo evidente que yo venía a cubrir las tareas que mis compañeras no estaban dispuestas a hacer.

Entré suponiendo que teniendo las tres la misma categoría seríamos un equipo y que, aunque se pudiera hacer un reparto de tareas para facilitar un buen funcionamiento, las tres trabajaríamos como compañeras y trataríamos que el trabajo estuviera hecho como un equipo.

La cruda realidad se me echó encima en forma de malas caras que no comprendía, recriminaciones que no esperaba y un progresivo enrarecimiento de las ya de por sí frágiles relaciones con mis compañeras. Fue así como fui aprendiendo cual era mi lugar en la organización ya que no se me había dicho abiertamente. Yo sería la encargada en exclusiva de tareas como hacer las compras para la entidad, acudiendo con la furgoneta a diferentes establecimientos indicados en función del precio de los artículos; cargar dichos artículos hasta la entidad y organizarlos convenientemente; poner lavadoras y tenderlas; conducir sin posibilidad de relevo incluyendo salidas de larga distancia...

Hay que decir que todas esas tareas que yo debía realizar en exclusividad tenía que hacerlas en el mismo tiempo que debía destinar a hacer otras tantas tareas administrativas y a realizar las que supuestamente eran mis funciones principales, para el cumplimiento de las cuales prescindí de mi descanso o me quedé más tiempo al final de mi jornada en más de una ocasión. 

Sin embargo, eso no era lo peor. Lo cierto es que no me importaba hacer aquellas tareas. Tan solo necesitaba tiempo para hacerlas. Lo peor era la relación con mis compañeras.

Resultó que la poco efusiva y parca en palabras tan solo se comportaba así conmigo. Si yo le dirigía la palabra me contestaba con mucha suavidad, amablemente. Pero por lo demás me evitaba. Mientras con la otra compañera mantenía una relación de amistad cercana y pasaba largos ratos charlando con ella de cosas personales y trataba también con amabilidad y cercanía al resto de personas con las que interactuábamos en el trabajo.

Un viernes le pregunté a esta compañera a qué hora debíamos entrar aquel sábado y me dijo amablemente que entre las nueve y media y las diez menos cuarto, insinuando que más bien a menos cuarto que a y media. Al día siguiente yo llegué en la franja horaria marcada, es decir entre y media y menos cuarto. Cuando llegué ella ya había hecho todos los preparativos para la actividad de ese día que comenzaba a las 10. Me sorprendió y se lo comenté pero ella amablemente le restó importancia. Al día siguiente me entregaron un documento, supuestamente para aclararme mis tareas y responsabilidades, en el que, entre muchas otras cosas, ponía, en un párrafo resaltado en negrita, que a las actividades de los sábados debía llegar con antelación suficiente para realizar todos los preparativos de la misma. Intentando un acercamiento, cuando tuve ocasión, le comenté que yo había llegado a la hora que ella me había indicado y le pregunté si se había molestado y de nuevo muy amablemente le restó importancia y dijo que solo había tardado cinco minutos en hacer aquellos preparativos y que no pasaba nada. Ese es solo un ejemplo de muchos de la actitud pasivo-agresiva con la que tuve que lidiar interiormente porque exteriormente es imposible combatirla puesto que no te dan ocasión para el diálogo.  

En otra ocasión me dejó una nota en la que ponia "Los correos se responden". Yo no tenía idea de qué me hablaba porque atendiendo a mis funciones principales no había tenido tiempo siquiera de abrir el ordenador, pero ella no estaba allí para preguntarle y yo debía salir inmediatamente con la furgoneta para ir a una de las actividades de la entidad de la que yo era responsable. De modo que me llevé el móvil de la organización y aprovechando algunos momentos durante la actividad me puse a leer y contestar correos. Cuando tuve ocasión le dije que si no los había contestado era porque  no había tenido tiempo y ella se limitó a contestar que ella tampoco tenía tiempo. Como de costumbre no me dio la menor oportunidad para hablar de ello.

Seguiré con el relato en otro momento porque ahora se me ha hecho tarde. Y cuando termine utilizaré las palabras para poner en orden mis pensamientos y reflexiones sobre el sentido de todo ello.

Espero que al menos este blog os sirva para sentiros acompañd@s en vuestra particular búsqueda de sentido de las cosas que nos pasan.






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