Buscándole sentido a cosas que seguramente no lo tienen 3
Voy a resumir mi experiencia. Empiezo en un trabajo nuevo con personas desconocidas. Observo cierto malestar en las compañeras. Cuando lo verbalizo estas se muestras reticentes a hablar abiertamente pero dan a entender que tiene que ver con cambios en sus condiciones de trabajo.
La responsable me comunica que iré aprendiendo cual es mi trabajo de la mano de mis compañeras. De modo que estoy a expensas de estas. Una de ellas parece evitarme por norma. La otra tiene una actitud cada vez más desagradable.
Muchas de mis supuestas responsabilidades las averiguo cuando me recriminan de algún modo por no haberlas realizado. Cada vez se suman más tareas a mis responsabilidades, hasta hacerse patente la imposibilidad de realizarlas todas en el tiempo que tengo.
Las compañeras me hacen el vacío. Con el tiempo observo como personas que tenían una actitud amigable un día, cambian de actitud al dia siguiente sin que hayamos tenido ninguna interacción en ese lapso de tiempo, por lo que no puedo evitar deducir que les han hablado de mí negativamente.
Las compañeras no están dispuestas a ayudarme con mis tareas, cosa que llegan a manifestar abiertamente aduciendo estar muy ocupadas (recuerdo que pasan la mayor parte del tiempo de cháchara). Sin embargo me comunican por escrito que aparte de mis muchas responsabilidades yo debo asistirlas en las suyas cuando sea necesario.
Este es tan solo un somero resumen. Todo estalla cuando se incorpora una nueva profesional, es una chica joven que aún está estudiando la carrera. Mis compañeras la acogen con entusiasmo. El primer día ya es una más. Yo no puedo soportar el malestar por la diferencia de trato. Parece que ese sentimiento es la gota que colma el vaso y toda la carga emocional que había estado acumulando aflora repentinamente en forma de un llanto descontrolado.
Estoy a punto de coger mis cosas y largarme sin más pero, no sé como, consigo recapacitar y cambio esa decisión por la de acercarme a urgencias. Me dan la baja. A los dos días me llega el burofax comunicando mi despido.
Podrían haberse limitado a despedirme puesto que yo estaba en periodo de prueba y estaban en su derecho según el convenio que regía mi contrato. Pero se explayaron bien en su relación de motivos para despedirme. Al parecer todo lo que allí no funcionaba era culpa mía y yo era una inepta total.
Leer aquel burofax fue sangrante. Aún tengo un nudo en el pecho cuando pienso en ello. Sigo de baja y no he querido volver por allí a pesar de que la directora me ha pedido conversar conmigo un par de veces. Sinceramente creo que solo les preocupa que aún tengo las llaves de la entidad y si pretendo perjudicarles de algún modo. Procuraré enviárselas por Correos un día de estos (es que la oficina más cercana tiene un horario muy reducido y yo duermo mucho estos días).
Pero todo esto empezó (me refiero al blog) con la idea de compartir esta y otras experiencias, ponerlas por escrito y reflexionar sobre ellas y sobre el sentido de las cosas que nos pasan. Lo que inicié con entusiasmo, ahora me parece un tanto absurdo. Es algo que suele pasarme, tener un día lo que me parece una gran idea y al poco, pensar que no tiene ningún sentido. Y otra vez tropezamos con el sentido de las cosas.
Pues bien, voy a seguir con esa idea absurda, y lo voy a hacer solo porque las únicas cosas que seguro que no tienen sentido son aquellas que no hacemos. Porque una cosa que sí tiene sentido en sí misma es desarrollar nuestras ideas, hacer que los proyectos mentales se conviertan en proyectos reales. Porque en la vida real hay baches, dificultades, montones de cosas que dan miedo, pero la realidad es donde vivimos, no en nuestras cabezas. En nuestra cabeza soñamos pero si solamente sueñas es que estás dormido. Ya es hora de que yo despierte. Ya es hora de que todos despertemos.
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